Cuando el Sol se esconde tras las altas cimas nevadas de Gredos, situadas a tan solo unos cientos de metros del Barco de Ávila, solo nos queda dar un sosegado paseo por sus calles y plazas, bajo la tenue luz de sus farolas, observando los edificios y monumentos históricos de este pequeño, pero emblemático pueblo, situado a orillas del Tormes.
Al acercarnos al río observamos el puente románico, también conocido como el puente viejo, cuya construcción se remonta a la época romana.
Debido a las numerosas guerras sufrió desperfectos importantes a lo largo de la historia y tuvo que ser reconstruido allá por el siglo XII y siguientes. Aunque sigue conservando su estilo romano, con anchas pilas de sillares almohadillados, machones, estribos y siete arcos desiguales.
A pesar de tantas destrucciones y reconstrucciones, el puente viejo conserva el encanto de los puentes medievales.


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