Carlos I (Rey 1516–1556), primer monarca de la Casa de los Austria ya se interesó por la villa de Madrid y manifestó su intención de establecer su Corte en esta ubicación. Fue Felipe II, quien llevo a cabo los deseos de su padre trasladando su Real asiento y gobierno de la monarquía desde la ciudad de Toledo a la villa de Madrid.

El traslado de la Corte provocó un aumento de la población exagerado, pasando de los alrededor de los 15.000 habitantes a más de 100.000 a finales del siglo XVI. Para poder hacer frente a tal crecimiento el Concejo de la villa, respaldado por la Corona, abordó diversos proyectos de ordenación consistente en el ensanchamiento de calles, el derribo de antiguas murallas, adecuación de plazas y la construcción de nuevos edificios, dejándonos una profunda huella arquitectónica e inequívoca de aquella época.

Comenzaremos nuestro paseo por el Madrid Medieval por la calle Toledo, cerca del Portal de Cofreros, donde se encuentra la Real Colegiata de San Isidro, (San Isidro nació en Madrid en el año 1082, su vida fue la de un cristiano mozárabe, un hombre humilde, un pocero y labrador, el cual fue Beatificado por el Papa Paulo V en 1619). El templo de la Real Colegiata empezó a construirse en 1622, anexo al prestigioso Colegio Imperial creado a principios del siglo XVII, y fue la Catedral provisional de Madrid desde 1885 hasta 1993.

(Excmo. Ayuntamiento de Madrid)

Subiendo por la calle Toledo giramos a la derecha por la calle Imperial llegaremos a la plaza de las provincias, donde nos encontraremos con el Palacio de Santa Cruz. La horizontalidad de su fachada principal queda rota por los torreones laterales de inspiración herreriana y la portada con dos niveles de triple vano. El palacio consta de dos patios cuadrangulares simétricos unidos mediante un eje central que sirve de distribuidor y acceso al edificio. El Palacio fue terminado en 1636 y ha sido objeto de numerosas reformas en siglos posteriores. El primero albergó la Sala de Alcaldes, Cárcel de Corte y en la actualidad es la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores.

(Puerta de San Isidro)

La Plaza de la Provincia se encuentra al sudeste de la Plaza Mayor. En sus caras septentrional y occidental está porticada, mediante soportales adintelados, mientras que, hacia el este, el recinto queda abierto a través de la contigua plaza de Santa Cruz y el tramo inicial de la calle de Atocha.

En uno de los extremos de la plaza, se ubica la Fuente de Orfeo, reproducción de finales del Siglo XX de la estructura original del siglo XVII. Ésta fue diseñada por el arquitecto Juan Gómez de Mora y esculpida por Gaspar Ordóñez en 1629. En sus inmediaciones, se encuentra un monumento que recuerda el ingreso de España en la Unión Europea en el año 1986.

Desde la plaza de las provincias nos desplazamos hacía la Plaza Mayor, por una de las nueve entradas, escenario habitual de todo tipo de acontecimientos: mercados, corridas de toros, espectáculos populares, siendo el proyecto urbanístico más importante llevado a cabo por el monarca. En 1619, Felipe III finalizó las obras, que había iniciado su antecesor, con un nuevo diseño, firmado y desarrollado por Juan Gómez de Mora.

(Estatua ecuestre de Felipe III, al fondo torreón de la Plaza)

 Siguiendo con nuestro paseo, salimos de la Plaza Mayor por el Arco de cuchilleros, bajamos a la calle Cava de San Miguel, que nos lleva al mercado del San Miguel (1913–1916), el cual mantiene intacta su estructura de hierro original.

En frente nos encontramos con la calle Mayor, que en la actualidad se extiende desde la Puerta del Sol hasta la Cuesta de la Vega. En su origen constaba de cuatro tramos diferenciados en los siglos XVI y XVII, cada uno con una denominación distinta.

La calle Mayor fue una de las más importantes del Madrid de los Austrias, al comunicar la zona del Real  Alcázar con la Puerta del Sol y, desde aquí, con los caminos de Alcála de Henares y de los Jerónimos, dos de las principales salidas de la ciudad.

A nuestra izquierda no encontramos con la Plaza de la Villa, que fue sede del Pleno Municipal del Ayuntamiento de Madrid. Diseñada en 1629 e inaugurada a finales del siglo XVII. La Plaza de la Villa fue uno de los núcleos más transitados del Madrid Medieval, por su ubicación a medio camino entre la Puerta de Guadalaxara y la de la Vega, situadas en los extremos oriental y occidental, de la desaparecida muralla cristiana.

(Vista  de la Real Basílica de San Francisco el Grande)

Nos dirigimos por la calle Mayor en dirección a la calle Bailen, (ésta fue inaugurada en el año 1883. Sigue la dirección sur-norte, uniendo las plazas de San Francisco y Basílica del mismo nombre con la Plaza de España), donde no encontramos con un edificio de color vino. El color de Pepe Botella. A este personaje le viene el nombre por ser pionero en embotellar el vino, además instituyó las tabernas de forma oficial.

(Vista del edificio color Pepe Botella)

Cruzando la calle Bailén podemos visualizar la Catedral de la Almudena. El origen de la imagen de la Virgen de la Almudena, que con el tiempo se había de llamar Santa María la Real de la Almudena. Cuenta la leyenda que fue traída a España por el Apóstol Santiago cuando vino a predicar el Evangelio, y dicen que la pintó San Lucas y la talló Nicodemus. Esta pretensión de atribuir tan remoto origen a la Imagen, es de admirar; pero es tan solo una leyenda. Lo que si es cierto es que en la pequeña villa de Madrid, que luego habría de ser capital de España, se veneró desde siempre como Patrona una imagen de la Madre de Dios denominada “Santa María de la Vega”

(Vista lateral de la Catedral de la Almudena)

Sin tiempo para respirar, dejamos atrás la Catedral de la Almudena y no topamos con el patio de armas del Palacio Real. El centro político y administrativo del Madrid de los Austrias, está situado en el desaparecido Real Alcázar residencia oficial de los reyes españoles hasta su incendio en 1734. Sobre su solar se alza en la actualidad el Palacio Real de estilo barroco clasicista, cuyas obras comenzaron en 1738, a partir de un diseño de los arquitectos Filippo Juvara y Juan Bautista Sachetti.

Avanzamos por la calle Bailen, observando la extraordinaria fachada y entrada principal del Palacio Real.

(Detalle fachada principal del Palacio Real)

A nuestra derecha y en un vistazo general podemos ver los jardines de la Plaza de Oriente y sobre la misma dominando el horizonte la estatua ecuestre de Felipe IV. Se trata de la primera escultura a caballo del mundo en la que éste se sostiene únicamente sobre sus patas traseras. Es obra de Pietro Tacca, quien trabajó sobre unos bocetos hechos por Velázquez y que contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei. A este majestuoso Rey no le gusto la cabeza que el escultor hizo y fue cambiada por otra, la cual no guarda las proporciones de la original. La estatua estuvo inicialmente en el Palacio de Buen Retiro y en tiempos de Isabel II, fue trasladada a su actual ubicación.

(Estatua ecuestre de Felipe IV)

Pese a su enclave en pleno corazón del Madrid de los Austrias, la Plaza de Oriente apenas conserva restos de los siglos XVI y XVII, cuando gobernó en España la dinastía Habsbugo, tras la desaparición del complejo de edificios del Real Alcázar y las intensas intervenciones urbanísticas de las que ha sido objeto por parte de la dinastía borbónica.

Avanzamos por la plaza de Oriente dirección norte, para llegar al Real Monasterio de la Encarnación, la más importante obra de arquitectura de los Austrias. Fue la primera obra barroca de la ciudad.  Fundada en 1611, conserva una importante colección de obras de arte. La fachada principal fue diseñada por el arquitecto Juan Gómez de Mora.

Este convento de clausura habitado por la orden de las Agustinas Recoletas, contiene múltiples relicarios, entre ellos el que contiene la sangre de San Pantaleón. Según la leyenda en la noche del 26 y 27 de julio, la sangre del santo, se licúa, en caso contrario se auguran grandes desgracia.

(Vista fachada principal del Real Monasterio de la Encarnación)

Para finalizar nuestro paseo nos dirigimos hacia la plaza de Isabel II, llamada popularmente de Opera, y después seguimos por la calle Vergara hasta alcanzar la Plaza de Ramales, en cuya ubicación se encontraba la iglesia de San Juan, derribada por orden de José Bonaparte, en la cual se creía estaba enterrado Velázquez (Existe un monolito con una cruz dedicado al excepcional pintor); pero las excavaciones llevadas a cabo en el año 2000, no se encontró rastro alguno. Los bancos situados en la plaza deben su distribución a la situación que tenía dicha iglesia.

(Vista general de la Plaza de Ramales)

En el llamado Madrid de los Austrias hay un conjunto de monumentos construidos, entre los siglos XVI y XVII y otros que fueron erigidos en época anterior y/o posterior pero que con el tiempo han quedado incluidos en esta zona de influencia, caso la iglesia de San Nicolás del siglo del XII, o del Palacio Real construido en el siglo XVIII. También existen otras construcciones que han quedado fuera de la zona; pero que fueron promovidos por los Austrias, caso del Casón del Buen Retiro, o los Jardines Homónimos.

El área del Madrid de los Austrias no está delimitada de forma concreta, si bien parece acertado decir que comprende parcialmente los barrios de Sol y Palacio. Un área de influencia que va desde la Puerta del Sol, Calle Arenal, Calle Bailen, calle Segovia, Carrera de San Francisco el Grande, calle Toledo, Plaza de la Cebada, hasta la plaza de las Provincias.


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