b) Edad antigua. –
A mediados del siglo IV los artistas comienzan a pintar miniaturas con las enseñanzas que venían de la escuela helenística, si bien las mejores conservadas y las más antiguas conocidas son del siglo VI. El origen de tales miniaturas aparece en los papiros egipcios, cuyo objetivo era adornar los manuscritos, con figuras y viñetas en los textos doctrinales. Lo más conocidos y antiguos códices cristianos con miniaturas son del siglo VI, como el Génesis de Viena, o el Evangeliario de Rábula, que se encuentran en el monasterio de Zagba, Irak.

En los primeros mosaicos cristianos con técnica romana se usaban principalmente los cubillos de vidrio y los dorados en las partes más visibles, siendo estos de mayor tamaño que en los pergaminos. Con el tiempo los dibujos y pinturas eran más monótonas y rígidas debido a los convencionalismos. Los más representativos narran la grandeza de Jesucristo, la Virgen María, y los Apóstoles.
Los más importantes mosaicos de Roma de la época constantiniana, hasta la influencia bizantina se representaban en un fondo azul donde aparecen las figuras elevadas apoyadas en estructuras diversas, tales como nubes, flores, adornos, y/o animales.
La pintura ibérica de la época mejor representada se corresponde con las decoraciones en vasijas y cámaras sepulcrales, y tienen como color predominante el rojo o negro, sobre fondo amarillo. Las mayores colecciones ibéricas de vasijas se hallan en los museos de Soria, Barcelona y Zaragoza, también en el Museo de Louvre de Paris.
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