El reloj avanza con ritmo callado, el viento murmura un eco pausado, las hojas caídas, las huellas dejadas en el camino son sombras y luces de jornadas pasadas.
Cae la noche con su manto estrellado, el año se despide cansado y pausado. Cada campanada es un paso que queda, una página escrita en la agenda agotada.
Las risas perduran, las lágrimas fluyen, las horas que fueron sueños confluyen, el alma susurra historias vividas en ecos de tiempos que nunca se olvidan.
Un suspiro al viento, un brindis al cielo, cerramos heridas, las manos se alzan, las miradas se cruzan, las promesas futuras a los astros se entregan, las luces de fiesta dibujan colores, la noche se viste de mil resplandores y el futuro nos llama con fuerza y anhelos.
El último suspiro no es un adiós, es un puente dorado hacia el futuro que espera.
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