Arden las velas en un abrazo eterno, llamas que bailan al compás del ocaso, susurros de fuego en el aire callado, un amor que vive, aunque este condenado a la muerte consumiéndose lentamente en su íntimo duelo, derramando cera como lágrimas de anhelo.

No temen al fin, saben de su destino, brillar en la noche, marcar el camino, sus llamas murmuran secretos antiguos, historias de amores que vencen el frío, cada chispa que salta, cada destello es un canto breve, un beso sincero y en su fragilidad reside su fuerza, aunque el viento intente romper su esencia, se inclinan, pero no abandonan.

Las velas juntas, tan cerca, tan lejos, tan solas, se buscan, se abrazan, se entregan sin horas, y aunque la cera se deslice y se rompa, sus almas de fuego jamás desfallecen y cuando el fin llegue, cuando el calor pase, en la cera dormida quedará su enlace para siempre.

Las marcas de un amor que no fue eterno; pero que ardió con la fuerza del universo, porque el amor de las velas no teme el olvido, vive en la llama, en el calor compartido, breve, puro, y frágil que deja su luz infinita e inmortal.
Replica a deepestjoyfully2250255d9b Cancelar la respuesta